LA TRISTEZA Y EL DOLOR

No hay emociones totalmente buenas ni emociones totalmente malas. Sentir emociones, sea la que sea, es sano y forma parte de nosotros. Sea cual sea la emoción es conveniente aprender a regularla con inteligencia. Las emociones, los pensamientos y las sensaciones están conectados. Es responsabilidad nuestra concienciarnos de esta conexión y establecerla con equilibrio.

“Cuando más tristes y difíciles son algunos momentos, más capaces somos de apreciar el simple placer de divertirse, así que la vida funciona a la perfección”, escribe en uno de sus libros la gran escritora Banana Yoshimoto.

La tristeza y el dolor son inherentes a la vida. No es malo tener nostalgia ni querer estar con nuestro dolor a solas. Lo malo es cuando nos dejamos arrastrar, llegando al sufrimiento y a la angustia, no transformándolo en aprendizaje, en sabiduría.
Primero hay que reconocerlos, aceptarlos. Ser honestos con nosotros. Perdonar. Responsabilizarnos. Liberarnos cambiándolos de sitio para poder, finalmente, madurar con ellos para crecer. Crearnos auténticamente a nosotros mismos.

Existe una historia, una parábola, preciosa sobre la tristeza y el dolor:
El viejo maestro pidió a su joven discípulo, que estaba muy triste, que se llenase la mano de sal, la colocase en un vaso de agua y bebiese.
– ¿Cómo sabe? – le preguntó el maestro.
– Fuerte y desagradable – respondió el joven aprendiz.
El maestro sonrió y le pidió que se llenase la mano de sal nuevamente. Después, lo condujo silenciosamente hasta un gran y precioso lago, donde pidió al joven que derramase la sal.
El viejo sabio le ordenó entonces :
– Bebe un poco de este agua.
Mientras el agua se escurría por la barbilla del joven, el maestro le preguntó:
– ¿Cómo sabe?
– Agradable – contestó el joven.
– ¿Sientes el sabor a sal? – le preguntó el maestro.
– No – le respondió el joven.
El maestro y el discípulo se sentaron y contemplaron el bonito paisaje.
Después de algunos minutos, el sabio le dijo al joven:
– El dolor existe. Pero el dolor depende de dónde lo colocamos.
Cuando sientas dolor en tu alma, debes aumentar el sentido de todo lo que está a tu alrededor.
Tenemos que dejar de ser del tamaño de un vaso y convertirnos en un lago hermoso, amplio y sereno.

 

Fotografía del lago Yamanaka: Miguel Morenatti
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